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2020 Edición

Cuando la guerra fría nos llevó a la era del hielo

Jorge Legañoa Alonso Periodista, analista y comentarista de temas internacionales, Vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba

Cuando la guerra fría nos llevo a la era del hielo

Considerado como un vestigio de la guerra fría, el bloqueo económico, comercial y financiero del gobierno de Estados Unidos contra Cuba ha sido –por mucho– el obstáculo más grande e insalvable para las relaciones entre las dos naciones que vivieron entre diciembre de 2014 y enero de 2017, momentos de diálogos, acercamientos y acuerdos que llevaron al restablecimiento de relaciones diplomáticas y la reapertura de embajadas en La Habana y Washington.

Se firmaron una veintena de acuerdos que golpearon el entramado de tentáculos legales del bloqueo, utilizando para ello los resquicios que permite la ley. El objetivo era que el bloqueo quedara como un cascarón vacío, pero las órdenes ejecutivas del presidente Barack Obama no fueron suficientes para que el proceso fuera irreversible: el núcleo duro del amasijo de leyes se mantuvo intacto. Analistas y entendidos en las relaciones, desde la barrera de toros, en ocasiones, reclamaron de Obama un empleo mucho más a fondo para liquidar el bloqueo desde el propio Congreso norteamericano. ¿Pudo hacer más el gobierno Obama? Si. ¿Tenía reales posibilidades? No muchas, pero tampoco lo intentó.

Aunque el mandatario tenía apoyo bipartidista en el tema Cuba en el Congreso, los demócratas estaban en minoría en ambas Cámaras, lo que frenaba su liderazgo para impulsar iniciativas legislativas contra las cuestiones más álgidas de la política de bloqueo.

Pocos años después, con un nuevo presidente en el despacho oval de la Casa Blanca, el republicano Donald Trump, y con asesores como los anticubanos Marco Rubio, Mauricio Claver Carone, Jonh Bolton y Eliot Abrahms, Cuba y Estados Unidos tienen relaciones diplomáticas formales, pero prácticamente no tienen relaciones.

El gobierno de Trump, no solo se propuso retrotraer los vínculos a la era de Bush, el hijo, lapidando casi todo lo avanzado en la época del demócrata Barack Obama en la presidencia, sino que ha dado vueltas de tuerca al bloqueo hasta hacer crujir los hierros.

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Paso a paso, hasta sin apuro si lo analizamos, pero eso sí, con cinismo descarado, el gobierno de Donald Trump ha desmontado uno tras otro, la mayor parte de la veintena de acuerdos alcanzados entre los dos países durante el camino hacia la normalización de relaciones emprendido por ambos gobiernos a finales de 2014.

El camino se ha esfumado, la Casa Blanca se ha encargado de llenar de espinas lo andado y la normalización es vista casi como un imposible porque el recrudecimiento del bloqueo, por horas, es mayor, y la persecución a lo que huela a Cuba en el mundo se ha convertido en una obsesión para limitar los ingresos del gobierno cubano y para ello utilizan cualquier pretexto. Entre los preferidos está que es porque Cuba respalda al legítimo gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela.

Pretendieron dejar a nuestro pueblo sin combustible en septiembre de 2019 sancionando a empresas y barcos que transportaban crudo a Cuba, prohibieron todos los vuelos desde EE.UU hacia las provincias cubanas. ¿Es por razones de seguridad? No. El argumento es sencillamente absurdo: hablan de evitar que vengan turistas estadounidenses, pero olvidan que los viajeros de aquel país a Cuba ya tienen prohibido venir aquí a hacer turismo por las regulaciones del bloqueo. ¡Ah!, pero quien se afecta de verdad es la familia, porque en aquella nación viven alrededor de un millón de cubanos que se verán imposibilitados de hacer un vuelo tranquilo hasta su ciudad de origen o un territorio cercano y tendrán que hacerlo a La Habana con el consiguiente aumento de incomodidades y dilaciones.

Cuando la guerra fría nos llevo a la era del hielo

Intentaron liquidar los ingresos de Cubana de Aviación y que muchos menos viajen a Cuba, dar la imagen de país en caos y que venir a aquí sea visto como un verdadero dolor de cabeza. Las medidas, a lo Trump, dieron una estocada al boom de viajes desde la nación norteña que tuvo una espiral en ascenso durante 2016; y dos años después, en 2018, llegó hasta 639 mil estadounidenses.

Y si tiene dudas de las intenciones de aquella administración solo recuerde que eliminaron los viajes de cruceros en junio de 2019, así como en aviones y yates privados, y en octubre del mismo año entraron en vigor límites de envíos de remesas a los familiares cubanos. No se trata de si la cantidad es mucha o poca, porque claro que afecta a la economía del país, sino de la libertad para una relación familiar que se ve interferida por un gobierno enemigo, al parecer, de la humanidad.

Las medidas se sumaron a otras como restringir aún más los viajes no familiares a Cuba al eliminar una autorización para los educativos grupales de persona a persona; la prohibición de los viajes de cruceros estadounidenses que afectó directamente al sector no estatal que tenía en ellos un mercado seguro.

Uno de los aspectos llamativos es que mientras restringieron las remesas individuales, estimularon aquellas que están dirigidas al sector no estatal como vía para que se empoderaran, y lo veo más como una medida que intentó corregir los errores de anteriores decisiones que los afectaron considerablemente, como la suspensión de los cruceros.

Significar que Estados Unidos buscó –una vez más– fragmentar la sociedad cubana condenando todo lo que sea parte del desarrollo estatal y sus trabajadores, y estimulando un sector importante, pero que solo tiene hoy poco más de medio millón de trabajadores. En suma, buscaron presionar a nuestra sociedad, hacer ingobernable a este país, que la gente salga a la calle y para ello rastrearon las transacciones de la Isla en el mundo, e impiden que nos beneficiemos de un sinnúmero de bondades que tendría comerciar con proveedores a poco más de 90 millas náuticas y no a tres meses de viaje en barco.

¿QUÉ LEYES REGULAN EL BLOQUEO?

El bloqueo del gobierno de Estados Unidos contra el pueblo está regulado por un entramado de leyes y órdenes ejecutivas que durante décadas se han solapado unas a otras. En el caso de las legislaciones tres llevan el mayor peso: la Ley para la Democracia Cubana, conocida como Torricelli o CDA de 1992; la Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubana, la Helms Burton de 1996 y la Ley de Reforma de Sanciones Comerciales y Ampliación de Exportaciones del año 2000.

A todo esto hay que sumar la aplicación sistemática por orden presidencial de la Ley de Comercio con el Enemigo de 1917, que implica catalogar a Cuba como enemigo de Estados Unidos.

El Congreso de la nación norteña a lo largo de los años ha promulgado otras disposiciones legales que imponen sanciones unilaterales a Cuba, incluidas las restricciones al comercio, la ayuda exterior y el apoyo de las instituciones financieras internacionales.

Sin embargo, hasta la década de los ’90, el bloqueo solo se sostenía legalmente sobre la orden ejecutiva del presidente John F. Kennedy del 3 de febrero de 1962 que impuso el bloqueo total al comercio entre ambas naciones. El mandatario William Clinton firmó la Helms Burton el 12 de marzo de 1996 y codificó así el bloqueo, le quitó a los Presidentes de esa nación la prerrogativa de levantar esa política por su cuenta y solo con un largo proceso burocrático en el Capitolio de esa nación puede lograrse.

Como todo en esta vida, la decisión de Clinton de firmar la Ley no fue un acto al azar, el texto llevaba algún tiempo dando vueltas en el Congreso, pero lo que catalizó la decisión del mandatario fueron los trágicos sucesos del 24 de febrero de 1996, cuando aviones de combate de Cuba derribaron en aguas territoriales del archipiélago dos aviones del grupo contrarrevolucionario “Hermanos al Rescate”, dirigido por José Basulto, un personaje que se jactó poco después en la prensa miamera que había sido “entrenado como un terrorista por Estados Unidos en el uso de la violencia para lograr determinados objetivos”.

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Habían sido repetidas las incursiones de los aviones contrarrevolucionarios, denunciadas oportunamente por Cuba a las autoridades estadounidenses porque violaban todas las normativas internacionales y ponían en riesgo la seguridad de ciudadanos cubanos.

El ambiente de hostilidad en Miami en pleno año electoral —con Clinton buscando la reelección— y el balance de fuerzas desfavorable a los demócratas en el Congreso por primera vez en 40 años, completaban un escenario adverso para las fuerzas moderadas que, dentro de la administración Clinton, apostaban por un acercamiento hacia Cuba con métodos menos frontales.

“Aprobar la ley fue bueno en un año electoral en la Florida, pero minó cualquier oportunidad que pudiera haber tenido de levantar el embargo en un segundo mandato en respuesta a cambios positivos dentro de Cuba”, escribió el exmandatario, Clinton, en sus memorias.

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¿Qué haría falta para que el Congreso levante el bloqueo contra el archipiélago caribeño? Las secciones 204, 205 y 206 de la Helms Burton establecen numerosos requisitos que no son menos que injerencistas y que se resumen en una idea: cambiar la Revolución cubana por un gobierno títere de Estados Unidos. Hasta que eso no ocurra, habrá bloqueo.

Exigen un gobierno de transición, supuestas elecciones libres, el cambio de la economía socialista por la capitalista, un virtual poder judicial independiente; la eliminación de los ministerios del Interior y de las Fuerzas Armadas, así como de los Comité de Defensa de la Revolución, entre otras tantas cosas que se resumen a escamotear la independencia, la autodeterminación y la soberanía de los cubanos.

A pesar del acercamiento vivido entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos entre finales de 2014 y principios de 2017, hasta el día de hoy, ninguna propuesta de Ley ha intentado eliminar completamente el bloqueo, ni siquiera en época del mandatario demócrata, Barack Obama, cuando se restablecieron relaciones diplomáticas y se reinauguraron embajadas en La Habana y Washington.

Durante años, por su parte, numerosos sí han sido los proyectos en el Capitolio que buscaban arrancarle pedazos al bloqueo, en temas referidos a la libertad para que los estadounidenses viajen a Cuba y la venta de productos. Por diversas causas, coyunturales y políticas sobre todo, ninguna de estas propuestas –aunque muchas contaron con los copatrocinadores suficientes– avanzaron para convertirse en Ley.

¿POR QUÉ BLOQUEO Y NO EMBARGO?

Las acciones contra Cuba no se enmarcan en la definición de “embargo” que Estados Unidos ha querido imponer. Por el contrario, como refiere el sitio Cuba versus Bloqueo, trascienden a embargo y definen un “bloqueo” al perseguir el aislamiento, la asfixia, la inmovilidad del pueblo cubano y llevarlo a claudicar en su decisión de ser soberano e independiente; “bloqueo” significa cortar, cerrar, incomunicar con el exterior para lograr la rendición por la fuerza o el hambre.

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Desde la Conferencia Naval de Londres de 1909, es un principio aceptado en el derecho internacional que: “el bloqueo es un acto de guerra”, y siendo así, sólo es posible su empleo entre los beligerantes. No existe, por otra parte, norma del derecho internacional que justifique el llamado “bloqueo pacífico”, el cual fue práctica de las potencias coloniales del siglo XIX y del principio del pasado.

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Se conoce como “embargo” la forma judicial de retener bienes para asegurar el cumplimiento de una obligación contraída legítimamente. ¿Resulta Cuba deudora de Estados Unidos? ¿Ha cometido Cuba algún delito que autorice el secuestro y liquidación de sus bienes a favor de los Estados Unidos? La respuesta: No. Cuba no ha sido ni es una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos, ni tampoco justifica la legítima defensa esgrimida por la Doctrina Monroe, que realmente lo que postula es una política de agresión.

Estados Unidos emplea la figura del “embargo” para no reconocer que aplica a Cuba medidas de tiempo de guerra. El bloqueo entraña una conducta genocida por parte de ese gobierno, ejercida para someter intencionalmente al pueblo cubano a condiciones de existencia que le pueden acarrear daños físicos, totales o parciales, y para debilitar su decisión de luchar y vencer.

PRETEXTOS PARA UN BLOQUEO

La llegada al poder de los barbudos de la Sierra Maestra incluyó un cambio en los paradigmas políticos y sociales de la nación. Las medidas adoptadas por el Gobierno Revolucionario destinadas a recuperar las riquezas del país y redistribuirlas en favor de las clases populares, fueron un duro golpe a los intereses de los grandes monopolios que durante más de medio siglo se apropiaron de los recursos naturales de Cuba.

Se tomaron las primeras medidas, la confiscación de los bienes de los ladrones de la nación, encabezados por los acólitos del dictador Fulgencio Batista, poco después comenzaría el proceso de nacionalizaciones de empresas. Estos actos han sido manipulados, queriendo resumirlos a un mismo sentido y justificando así las posteriores medidas contra el pueblo cubano. En la Ley Helms-Burton insistentemente se utilizan los términos “propiedades confiscadas” y “bienes confiscados” para referirse a las entidades nacionalizadas.

Propiedades confiscadas no es similar a nacionalización, definida esta como un acto por el cual la nación, según el proceso legal, puede disponer la apropiación, por diferentes razones, de propiedades privadas para pasarlas al tesoro público.

La confiscación de bienes es un acto jurídico accesorio y derivado de la comisión de un delito, ante el cual su comisor, además de la pena que le corresponde, debe responder con sus bienes, de los cuales es desposeído, sin tener derecho a compensación alguna.

El Consejo de Ministros, en uso de las facultades que le reconocía la Ley Fundamental de la República, del 7 de febrero de 1959 –amplia y concretamente inspirada en la Constitución de 1940– dictó la Ley No.15, del 17 de marzo de 1959, mediante la cual dispuso la confiscación y consecuente adjudicación al Estado cubano, de los bienes que integraban el patrimonio de Batista y de todas las personas que colaboraron con su régimen tiránico, reconocidos autores de múltiples delitos previstos en el Código de Defensa Social vigente en esos momentos.

Las nacionalizaciones, como actos de Estado, respondieron al carácter soberano del mismo y, por consiguiente, todo Estado está obligado a respetar la independencia del proceder de cada uno de los otros; constituyen actos de reivindicación económica en beneficio del pueblo y sí conllevan una adecuada indemnización.

Cuba, en consecuencia, indemnizó a todos los implicados, salvo a los estadounidenses porque su gobierno se negó a sentarse a la mesa de diálogo con las autoridades del archipiélago.

El Gobierno de la nación norteña, consciente del daño que originaba a sus nacionales al impedirles acceder a la indemnización que le otorgaba la ley cubana, canceló la cuota azucarera que históricamente tenía convenida con Cuba, y que a partir del papel del azúcar en la economía de la nación devenía base esencial para el pago de la adecuada indemnización, a lo que adicionó el bloqueo económico, comercial y financiero.

Es a partir de la Primera Ley de Reforma Agraria que se producen en Cuba los actos de nacionalización. La misma estableció el pago que se hizo mediante la emisión de bonos al 4,5% anual, amortizable en 20 años.

Al respecto de la Reforma Agraria, el 29 de junio de 1959 el Gobierno norteamericano entregó una nota diplomática ante el Gobierno cubano en la que planteaba: “Los Estados Unidos reconocen que, según el Derecho Internacional, un Estado tiene la facultad de expropiar dentro de su jurisdicción para propósitos públicos y en ausencia de disposiciones contractuales o cualquier otro acuerdo en sentido contrario; sin embargo, este derecho debe ir acompañado de la obligación correspondiente por parte de un Estado en el sentido de que esa expropiación llevará consigo el pago de una pronta, adecuada y efectiva compensación”.

Pero esa nota quedaría en letra muerta para los estadounidenses porque no tuvieron voluntad política para resolver el tema y se negaron a las compensaciones establecidas.

Expresión de la voluntad del Estado cubano de dialogar y lograr un acuerdo para una adecuada indemnización a los expropiados, fueron los acuerdos alcanzados con Suiza y Francia (1967); Gran Bretaña, Italia y México (1978); Canadá (1980) y España (1986).

Las nacionalizaciones fueron utilizadas como una burda justificación para imponer medidas que derivaron en el férreo bloqueo económico, comercial y financiero que durante más de cinco décadas ha afectado al pueblo cubano y que con el paso de los años ha ido mutando para convertirse en una herramienta de asfixia para el desarrollon económico y social. Cada hora, cada minuto, cada segundo, el dato en número de las afectaciones crece, son miles de millones de dólares en pérdidas, pero la cifra en dinero no visualiza las miles de historias detrás del muro de prohibiciones. No hay familia cubana que no sufra sus consecuencias.

OCHO DE CADA DIEZ CUBANOS NACIERON BAJO EL BLOQUEO

El Canciller Bruno Rodríguez denunciaría en Naciones Unidas que un niño cubano con insuficiencia cardíaca severa no puede contar con el sistema más avanzado de asistencia circulatoria para empleo pediátrico porque es de origen estadounidense y aunque se ha solicitado adquirirlo en reiteradas ocasiones, no se ha obtenido respuesta alguna de las compañías estadounidenses que lo comercializan.

Como resultado de las prohibiciones impuestas a Cuba, una persona que padezca de fallo cardíaco severo no puede disponer del equipamiento de apoyo ventricular, que permite prolongar la vida del paciente en estado crítico hasta que sea posible realizar el trasplante o, en otros casos, hasta recuperar la función cardiovascular.

Bryan Gómez Santisteban, de 16 años, y Leydis Posada Cañizares, de 19, quienes están en edad de crecimiento, no cuentan con endoprótesis –prótesis internas– extensibles, sino fijas, por lo que tienen que ser sometidos a cirugías frecuentes para la sustitución de estas. Las prótesis extensibles son producidas por la compañía estadounidense Stryker.

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El hoy conocido memorando del 6 de abril de 1960 sobre Cuba, del secretario asistente del Departamento de Estado, Lester Mallory, deja clara la postura estadounidense y lo que sería su política de saboteo a la Revolución: “El único modo efectivo para hacerle perder el apoyo interno es provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria (…) Hay que poner en práctica rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica (…) negándole a Cuba dinero y suministros (…), con el objetivo de provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba desde hace más de 50 años, es el más largo en la historia de la humanidad, es la expresión más concreta y brutal de una política cruel e inhumana, carente de legalidad y legitimidad y deliberadamente diseñada para provocar hambre, enfermedades y desesperación en la población.

Lejos de poner fin a esta política, ha mantenido en vigor las leyes, disposiciones y prácticas que le sirven de sustento. Se ha continuado reforzando los mecanismos políticos, administrativos y represivos para su instrumentación más eficaz, siempre desconociendo las veintiocho ocasiones consecutivas en que Cuba le ha ganado a Estados Unidos en la lucha contra el bloqueo en la Asamblea General de Naciones Unidas.

El gobierno de Donald Trump y sus estrategas anticubanos sumaron nuevas medidas al bloqueo, pero ahora con maldad adicionada porque tras un estudio estratégico del capital simbólico de Cuba, enfilaron hacia allí sus municiones digitalesm para desprestigiar con mentiras dichas con cinismo que espanta, o sencillamente tergiversando la verdad a su antojo.

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Y si tiene duda de esto último, veamos los hechos. Una de las fortalezas de la Revolución es ser un país solidario, ejemplo de cooperación médica internacional. Ante esta fortaleza diseñaron como ataque presiones a países como Brasil y Ecuador, y acusaciones falsas como que el gobierno cubano estaba envuelto en un caso de trata de personas con los médicos en Brasil y por ello el mandatario brasileño, Jair Bolsonaro, cerró el Programa Más Médicos y Ecuador anunció que no necesitaba a los salubristas de nuestro archipiélago.

Otra fortaleza estratégica: Cuba, nación segura que garantiza el principal de los derechos humanos, el de la vida, donde hay control de armas y predomina la tranquilidad ciudadana. Supuestos incidentes contra la salud de diplomáticos estadounidenses en La Habana fueron esgrimidos como pretexto para cerrar el consulado en la capital cubana. Hasta el día de hoy ni una sola prueba de dichos actos; pero dos años después, el consulado está cerrado y se incumplen los acuerdos migratorios. Desarrollaron tal percepción que muchos estadounidenses creen que en efecto hubo afectaciones a la salud de sus funcionarios.

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Ante un turismo creciente y Cuba como una anhelada fruta prohibida, con valores agregados como la cultura, las tradiciones y la hospitalidad; la inversión en infraestructuras, nuevos hoteles cinco estrellas, vuelos directos desde EE.UU. y cruceros llegando, aquel gobierno implementó medidas contra hoteles y empresas, suspendió los cruceros, lo que disminuyó los viajeros a Cuba que no llegaron en 2019 a los cinco millones previstos.

Ante la pujante nueva Ley de Inversión Extranjera y su cartera de oportunidades, con una Zona Especial de Desarrollo Mariel creciente, la administración Trump activó el Título III de la Helms Burton que desde 1996 estaba en prórroga. Amenazan y chantajean así a los capitales foráneos y a todo aquel que se aventura a un vínculo comercial con sus contrapartes en Cuba.

En 2019 volvió a repetirse la victoria de Cuba en la Asamblea General de Naciones Unidas que reclamó el fin del bloqueo. Fue indiscutiblemente por nocaut, una derrota que se volverá a repetir mientras no se ponga fin a una política fracasada e inoperante, un vestigio de la guerra fría.