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2015 Edición

Una tumba digna. A 120 años de la desaparición física de José Martí.

Texto: José Enrique López Durán, Museólogo Historiador, Cementerio Santa Ifigenia, Santiago de Cuba. Fotos: Ing. Rigoberto Savournin Angulo

 

La fundación del Mausoleo dedicado a José Martí en el Cementerio Santa Ifigenia, el 30 de junio de 1951, por el entonces presidente Carlos Prío Socarrás, fue considerada el enterramiento cubano de nuestro Héroe Nacional, ya que fue el día en que el pueblo de Cuba participó de forma masiva. Todo lo representado constituye un sistema simbólico expresivo del pensamiento, vida y obra de José Martí. Tiene 22,5m de altura, forma hexagonal, en cada esquina sobresale una figura o cariátide, que representan las seis antiguas provincias de Cuba, portando cada una el renglón económico fundamental. Pinar del Río con las hojas del tabaco. La Habana con una llave y un libro, que representa el control de la economía. Matanzas con una lira y un pergamino, que representan la capital de la cultura. Las Villas, con un atado de cañas y una mocha. Camagüey con un machete, un lazo y una vaca (la ganadería) y Oriente con un pico minero, una planta de café y un cuerno lleno de frutas, que representa la abundancia.

 

Ya dentro del Mausoleo, cada provincia está representada con su escudo. Pinar del Río, donde aparecen los pinos y plantas de tabaco. En el de La Habana, aparece una abeja (laboriosidad) y una llave (llave del Golfo de México). Matanzas con el Castillo de San Severino (que fue declarado en 1978 Monumento Nacional). En el de Las Villas, aparecen arados y centrales azucareros. Camagüey con un machete y la palabra en latín ESPES, que significa esperanza, todo esto representa la constituyente de Guáimaro. Oriente, aparece la Sierra Maestra y el Río Cauto, encima una estrella.

 

La tumba es de bronce, con forma pentagonal, ya que esta descansa sobre una estrella de cinco puntas. Está rodeada por 21 escudos que representan repúblicas independientes de América, desde donde se trajo un puñado de tierra que fue depositado debajo de la tumba, como símbolo del pensamiento latinoamericano de José Martí, seguro del destino común de los pueblos integrados en la unidad de la Patria Grande. La parte superior la constituye un lucernario que permite que, siempre que haya sol, haya un rayo de luz sobre la tumba. Esto cumple con un sentimiento martiano "No me pongan en lo oscuro a morir…" En la tumba siempre aparecen flores y una bandera, recordando los versos "Yo quiero cuando me muera, sin patria…"

Detrás de la tumba hay un sistema de drenaje que permite que siempre que llueva, el agua de lluvia entre a la cripta, ruede y choque con la tumba, formando dos corrientes que representan los Dos Ríos, o sea el lugar que vio la muerte de José Martí hace 120 años.

Las piedras utilizadas fueron traídas desde Jaimanitas, La Habana, que representa la provincia donde naciera Martí. El mármol gris utilizado fue traído desde la Isla de Pinos, específicamente desde la finca El Abra, lugar al que viajó José Martí en su adolescencia para restablecerse de las heridas sufridas durante su condena a trabajos forzados en las canteras de San Lázaro en 1870.

 

Frente y detrás aparecen un total de 28 monolitos que representan la ruta martiana desde Playitas (11 de abril) hasta Dos Ríos (19 de mayo 1895). Cada monolito lleva, además del nombre de cada campamento, una frase martiana de actualidad y vigencia. Por ejemplo: "Los pueblos se amasan con sangre de hombres", "Juntarse es la palabra del mundo", "Hombres recogerá quien siembre escuelas", entre otros.

Se sube al deambulatorio a través de 12 escalones con uno grande intermedio. Estos representan las 6 provincias durante las dos guerras de independencia con el período de entreguerras o tregua fecunda que está representada por el peldaño intermedio.

La obra, de estilo románico, fue concebida por el arquitecto habanero Jaime Benavent, el escultor holguinero Mario Santi y ambos fueron asesorados por el primer historiador de La Habana Emilio Roig de Leuchsenring. Para dicha ejecución se convocó a un concurso que llevó como título "Una tumba digna". Se presentaron 18 anteproyectos, de los cuales se eligieron 5, pero ganó el de los autores mencionados, incluyéndoles detalles de los 4 restantes. Se realizó con fondos públicos y costó $100,000.00.